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Pintura barroca






















pintura barroca
La pintura barroca está inicialmente vinculada a la Contrarreforma católica.

¿Qué es la Pintura barroca?

Por pintura barroca o pintura del barroco nos referimos a las obras artísticas pictóricas producidas en el período de la historia de Occidente conocido como el Barroco (siglo XVII y principios del XVIII).

Este movimiento se caracterizó por el auge en ciertos países de los valores culturales del catolicismo y su entrada al Renacimiento, plasmados a menudo en diversas formas de arte: la literatura, la música, la danza y también la pintura.

El barroco como estilo artístico está inicialmente vinculado a la Contrarreforma católica y a la ideología monárquica absolutista, pero es posible identificarlo también en la obra de artistas pertenecientes a naciones protestantes y no absolutistas.

Esto ratifica su popularidad e importancia en su contexto histórico. Se gestó en el continente europeo pero fue transmitido a sus colonias, especialmente en Latinoamérica.

La pintura barroca reflejó la importancia de la religión en los países católicos, a la par que del gusto burgués en los protestantes, y se caracterizó por el realismo, la riqueza e intensidad de los colores, así como un fuerte contraste entre luces y sombras.

Contexto histórico de la pintura barroca


El barroco surgió en Europa en una época de grandes tensiones entre las dos grandes sectas cristianas: el catolicismo y el protestantismo, a raíz de la reforma luterana y su respuesta mediterránea, la Contrarreforma.



En ese entonces, los países europeos se dividían entre absolutistas y parlamentarios: los primeros dotados de un rey cuya voluntad era indiscutible y los segundos de un parlamento que le hacía contrapeso.

En los parlamentarios la burguesía local acumulaba nuevos poderes y se empezaban a sentar las bases del capitalismo venidero.

Características generales de la pintura barroca

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La pintura barroca presenció el nacimiento de nuevos géneros pictóricos, como son los bodegones, vanitas y cuadros costumbristas, que enriquecieron la iconografía religiosa heredada del medioevo.

Se caracterizó por la búsqueda de realismo a través del efectismo (los trampantojos son comunes) y de una cierta teatralidad.

La luz y el color pasaron a ser grandes protagonistas, encargados de producir la profundidad y la perspectiva, más que la línea y el trazo.

Las formas fueron particularmente abundantes (como sucedió en todas las artes del barroco) y las pinturas se llenaron de volumen y de detalle, en lo que para muchos constituyó el dominio total de las técnicas pictóricas, tanto con óleo como al fresco.













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